Extremadura y la Atlántida I

La periodista Lourdes Gómez Martín publica su primera parte de su investigación sobre la conexión entre Extremadura, la Atlántida y Miajadas

Lourdes en Cancho Roano..::L.G.
REPORTAJE DE INVESTIGACIÓN

Hace unos meses un documental de National Geographic revivía la polémica en torno a la situación geográfica de la Atlántida: el mítico continente descrito por Platón en sus Diálogos.  Motivo de los desvelos de cientos de estudiosos, de aquella tierra legendaria no se sabe más que las escuetas líneas que el filósofo clásico le dedicó. Unas líneas que hablan de una civilización superior, rica y floreciente que sucumbió ante una gran catástrofe marítima borrando cualquier prueba de su existencia.¿Existió la Atlántida? ¿Hay restos que prueben la veracidad del relato de Platón? Quizás el hilo del que comenzar a tirar no se encuentre bajo las aguas del océano. Y es que parecen cobrar fuerza algunas teorías que relacionan directamente el mito atlante con el legado arqueológico extremeño. La caja de Pandora la abrió en el año 2.003 un físico alemán llamado Rainer W. Künhne. En el transcurso de una investigación obtuvo imágenes por satélite del Parque Nacional de Doñana (Huelva) en las que se observaban una serie de anillos concéntricos en el terreno. El experto relacionó esta anomalía con la descripción del aspecto físico que Platón hizo de la Atlántida y publicó su estudio en la prestigiosa revista Antiquity. No fue el primero en situar la tierra perdida en las marismas de Huelva, y tampoco el último. Hace unos meses, el arqueólogo Richard Freund de la Universidad de Hartford lideraba una expedición hasta la península -abanderado por la National Geographic- que culminó en un documental 'Finding Atlantis' (Buscando la Atlántida). En la cinta, Freund se valía de investigaciones como la de Künhne, entre otras, para encontrar indicios que prueben la existencia de restos atlantes en el sur de España. Y el principal de los que plantea el documental se encuentra en una tierra muy conocida por ustedes: Extremadura.

Tartessos y Cancho Roano

El yacimiento arqueológico de Cancho Roano, en el término municipal de Quintana de la Serena es un lugar sagrado de culto tartesio que fue tapado y abandonado por sus constructores. En su estructura conserva una habitación pavimentada con cerámica de Huelva y en el centro de la edificación, donde se rendía culto y pleitesía a los dioses, aparece grabado en el suelo un símbolo egipcio de 3.500 años de antigüedad. Se trata de uno de los signos más sagrados y reverenciados en las primeras dinastías del país del Nilo. Resulta fascinante encontrar algo así en un lugar tan lejano de Egipto como Extremadura. Pero más aún lo es el objeto dispuesto a la entrada de Cancho Roano. Se trata de una losa donde aparece un dibujo de lo que parece ser un guerrero al lado de un símbolo compuesto por varios anillos concéntricos. Para Freund -tal y como plantea en el documental- el pueblo de Tartessos podría ser el mismo que el de la Atlántida. Tartessos fue una civilización legendaria, rica y belicosa, asentada en el sur de la Península Ibérica y desaparecida por lo que pudo haber sido un tsunami de dimensiones colosales, aunque se desconocen las causas exactas de su abrupta desaparición. Una historia muy parecida a la de la Atlántida y que podría ser la misma.Juan Antonio Morales, doctor en Geología por la Universidad de Huelva, tiene documentados los tsunamis ocurridos en las costas andaluzas desde hace más de dos milenios. Uno de ellos se produjo hacia el 2.500 a. C. según las dataciones por Carbono 14. La capa de fango que dejó la catástrofe contiene cerámicas del calcolítico, metales de fundición y restos orgánicos. Su datación coincide con la época en la que los expertos sitúan la desaparición de Tartessos, o en palabras del propio especialista, "pre-tartésica (calcolítica). Hubo que esperar mil años más para que pudieran considerarse Tartessos".Para Freund, estos detalles pueden llevar a la conclusión de que los Tartessos -o atlantes, según su hipótesis- que sobrevivieron a la catástrofe huyeron hacia el norte a zonas como Sevilla o Badajoz. En su camino construyeron el recinto de Cancho Roano como recuerdo de su malograda patria y cerraron el templo con esa losa que contenía el aspecto de su ciudad y un guerrero como símbolo del poder de su civilización.

Investigaciones del CSIC

Tras el guante lanzado por Finding Atlantis la polémica estuvo servida. Y si bien es atrevida y extravagante la conclusión de Freund, el trabajo de profesionales españoles con los que investigó, entre ellos el arqueólogo Claudio Lozano y el geólogo Juan Antonio Morales, no puede ser puesto en duda. Sus hallazgos de piedras con formas redondas en el lecho submarino onubense, rocas que parecen haber sido tratadas por el hombre, y la datación de las capas de lodo de los diferentes tsunamis, son hechos comprobables. Otra cosa es la teoría armada por Richard Freund en la que relaciona a Tartessos y Atlantes. En palabras del propio Lozano: "Él invita a una hipótesis, pero yo creo que hay más indicios que pruebas científicas. Creo que se ha adelantado al llamar a la ciudad Atlántida". Para Sebastián Celestino, arqueólogo del Instituto de Arqueología del CSIC en Mérida, la estela de Cancho Roano no tiene una importancia especial. "Las estelas de guerrero, de las que hasta ahora se han documentado casi 120 ejemplares, en su mayoría exhiben escudos con círculos concéntricos", explica el experto. Además, Celestino señala que "nadie descarta que pudiera haber algunas poblaciones asentadas en esas tierras hacia el 800 a.C., quizá desaparecidas por los efectos de un tsunami, pero se trataría de poblaciones tartésicas dedicadas a la pesca". Pero, ¿termina todo ahí? Fuentes cercanas al equipo que llevó a cabo el documental Finding Atlantis aseguran que la investigación continúa y que habrá nuevos episodios de esta trama, uno de los mayores enigmas históricos de la humanidad: la Atlántida. Y como Cancho Roano no es la única relación de Extremadura con el legendario pueblo, este artículo también tiene segundas partes. En la próxima entrega descubriremos al gran ocultista, teósofo y ateneísta Mario Roso de Luna y su particular búsqueda de este misterio. En su faceta como arqueólogo pudo documentar muchas piezas hasta el momento sin catalogar. La mujer del Mago Rojo era de Miajadas, y tras la boda Roso de Luna se trasladó al pueblo y allí se dedicó a recorrer la comarca. En sus viajes se informaba sobre las piezas y yacimientos y tras documentar muchas piedras con extraños grabados acuñó el término "escritura ógmica". En palabras de Esteban Cortijo, mayor experto rosoluniano: "este tipo de escritura es una forma de estudiar los agujeros que tienen algunas figuras de granito, que según su colocación tendrían una interpretación astronómica". Llega a la conclusión de que pueden ser restos de una cultura anterior a la escritura y a la Edad del Bronce. Habla de Atlantes porque conoce la historia de la Atlántida".

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