Historias del Cementerio de Miajadas

Repaso de la historia y hechos curiosos del camposanto miajadeño

Tumba en el cementerio de Miajadas.::Lourdes G.M.
REPORTAJE DE INVESTIGACIÓN En ocasiones, nuestras tradiciones nos impiden valorar las de otros lugares. Ocurre por ejemplo con Santa Claus, en un 'versus' constante con los Reyes Magos. Aunque en estas fechas, sin duda, Halloween y sus 'truco o trato' viven una pugna encarnizada con la fiesta de Todos los Santos.
Esta tradición católica nació para rendir homenaje a todos los Santos de la Iglesia, independientemente de sus días de fiesta particulares y para compensar las posibles ausencias de los fieles durante estas celebraciones. Estableciendo un único día que los englobara a todos se compensaban las alabanzas a todos los Santos, los populares y los más desconocidos, y fue el Papa Gregorio IV quien extendió la tradición a toda la Cristiandad en el siglo IX.
En España lo típico de estos días es acudir al cementerio a visitar a los seres queridos fallecidos dejando flores que adornen sus sepulturas, y particularmente en Extremadura también es costumbre ir a comer al campo. Muchas veces sorprende la alegría con la que se celebra esta fiesta en lugares como Perú, México o Guatemala, donde las familias llevan a los cementerios las comidas que les gustaban a los difuntos en vida, incluso cigarrillos o cualquier otro artículo que fuera de su agrado. Pero aquí, aunque se observe con el ceño fruncido estas costumbres que pueden tildarse de "excéntricas", también se está convirtiendo la tradición en toda una fiesta. Y Miajadas no es una excepción.

MUCHA VIDA EN EL CEMENTERIO

Los que hayan acudido hoy hasta el cementerio de Miajadas habrán observado el ir y venir de coches que invadían la calle que da acceso al camposanto. La Policía Local controlaba el tráfico para que no se produjeran tapones en la salida, donde las familias realizaban el peregrinaje hasta el lugar portando cubos, escaleras y flores para hacer la puesta a punto de las lápidas.
No faltaban los puestos de garrapiñas y frutos secos para recibir al visitante, una estampa que junto a la de algunos familiares que se habían vestido de gala para la ocasión -traje de chaqueta y visita reciente a la peluquería inclusive- hacían que esa delgada línea que separa el supuesto recogimiento y la supuesta solemnidad de la tradición española de la de los países latinoamericanos citados anteriormente,  quedase más desdibujada que nunca. Y es que en realidad somos muy parecidos. Esto se observa también en lugares como el sevillano cementerio de San Fernando, donde está muy presente algo tan mundano como el fútbol gracias a las coronas de flores con los escudos de Betis, Barça y Sevilla, entre otros, que se venden en los puestos de flores aledaños.
Hoy en Miajadas todas las puertas del cementerio estaban abiertas como bienvenida a los asistentes para rendir homenaje a los que ya no están. Los miajadeños preparaban las sepulturas de sus seres queridos, y como si de un guiño macabro del destino se tratase, el cementerio estaba lleno de vida. Rencuentros familiares, saludos a la paisana que hace días que no se veía, o dimes y diretes de la actualidad local en distintos corrillos. Son escenas de la vida cotidiana que invadían el camposanto, un lugar que el resto del año es bañado por el silencio y por algún lamento y quejido lejano. Aunque además de estas postales con escenas entrañables también son susceptibles de producirse las tensiones vecinales que pueden darse en cualquier calle del municipio, pues derramar alguna vela sobre una lápida, tirar un jarrón o pisar las sepulturas que se encuentran más abajo puede ser motivo de disputa.
Tras tener las flores debidamente colocadas, las lápidas relucientes y los rezos por el alma de los seres queridos, siempre hay tiempo para dar un paseo por el cementerio. Es una escena muy habitual en estas fechas, donde pasear por las distintas calles del lugar hace recordar a los que ya no están y a los que ya ni siquiera se recuerda. Además de vecinos, familiares y amigos, el cementerio de Miajadas también tiene curiosidades históricas dignas de ser narradas.

HISTORIA    
¿Cuántos años lleva funcionando el cementerio de Miajadas? Fue en el año 1856 cuando se enterró a la primera persona en el actual camposanto, sobre las obras del antiguo cementerio. Así se narra en el libro Historia de Miajadas, donde incluso se dan datos sobre ese primer vecino del paraje. Se trataba de Gabriel Sánchez Almendro, sacerdote de la Iglesia de Santiago de la localidad. "Se enterró en el ángulo de la derecha entrando por la puerta antigua en la línea de la pared de referida puerta", señala José Sanz Celestino. Según las referencias consultadas, al día siguiente del funeral y del enterramiento, el cuerpo del sacerdote apareció desenterrado y descuartizado. Los animales se habían cebado con el cadáver porque aún no habían finalizado las obras de la pared en la que se encontraba su nicho.
Este tipo de datos los atesora en su particular despacho con forma de mausoleo el enterrador de la localidad, Remi Pañero. Lleva más de quince años enterrando a los ciudadanos de su pueblo y el oficio le viene de familia porque su padre era el sepulturero de Miajadas. "Mi padre estaba de suplente del otro enterrador, y cuando había autopsias que hacer yo me iba voluntariamente a verlas. A mí me gustaba. Por eso he hecho muchas prácticas de autopsia", contaba Remi en una entrevista a quien escribe estas líneas. Antes las autopsias se realizaban en una dependencia del propio camposanto miajadeño, aunque en la actualidad todas se llevan a cabo en el Instituto Anatómico Forense de Cáceres.
Y al igual que el propio cementerio tiene su historia, Remi también. Y hay hitos en su carrera que no olvida. "El primer fallecido que enterré se encuentra en el bloque B. La primera autopsia que hice fue a una portuguesa. Y la primera persona joven a la que di sepultura fue a una chica de 18 años, a cuya madre he intentado consolar en muchas ocasiones", recuerda.
Otra de las situaciones más extrañas que se han vivido en el cementerio fue cuando reventó un nicho en una de las calles. Así lo vivió Remi: "Hace once años, cuando yo me casé, reventó un nicho. Al fallecido le habían puesto sudario. El nicho era de los que se hicieron hace cincuenta años, por lo que la vertiente la tenía para atrás en vez de para adelante, así que reventó por la bóveda de abajo y se estaba saliendo todo el líquido. Yo no estaba trabajando, porque fue el día después de casarme. Aquel día me acerqué al cementerio a dar una vuelta para ver cómo iba todo, y el suplente me dijo que él se iba porque había reventado el nicho. El fallecido se había enterrado hacía cinco días y la familia se enteró porque ya sabes cómo es la gente. Le fueron con el cuento a la mujer. Y date cuenta cómo es la gente que a la señora le contaron que ¡su marido estaba saliendo por el tejado del cementerio!".
Son los particulares sucesos de un lugar en apariencia muerto, pero que encierra el recuerdo de las situaciones vividas y sobre todo el de las personas que lo ocupan, como los padres del gran teósofo y ateneísta Mario Roso de Luna. A consecuencia del enlace del Mago Rojo de Logrosán con la miajadeña Trinidad Román,  la vida del sabio se trasladó durante mucho tiempo a Miajadas, donde enterró a sus padres. Todavía puede verse la lápida fechada en 1904 con sus nombres, José Rosso Bover y Jacinta de Luna, en el cementerio de Miajadas.
En un día como hoy, no hay mejor manera de terminar un artículo como este que haciendo alusión a otra de las curiosidades del cementerio. Se trata de un pequeño poema presidido por una calavera que se encuentra esculpido en la parte de atrás de un mausoleo y que sólo puede leerse desde fuera del camposanto. Sus versos encierran el sentir de aquel, que en un lugar lleno de huesos, se interroga sobre lo que habrá después. Y sólo los que ya no están saben la respuesta.
"Alma dormida, despierta. Pendiente está de un remedio. La eternidad que te espera. De placeres o tormentos".