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Se me asoma una mueca de sonrisa sardónica cuando veo que, según el informe Pisa, los chavales de entorno a los 15 años, han bajado en su cualificación por motivos, fundamentalmente, del uso indebido de las «pantallas» electrónicas, según dicen los expertos. Es curioso que se utilice el nombre de una ciudad determinada que tiene una torre inclinada, lo cual quiere decir que algo ha fallado en su construcción o en su mantenimiento. Visité esa ciudad y lo comprobé.

A veces tengo la impresión de que a cualquier cosa se le echa la culpa para limpiar nuestras conciencias de padres, alumnos, maestros y responsables de la cosa educativa. Uno, que ya tiene sus años y hace tiempo que abandonó las escuelas nacionales de la Puente, en aquellos tiempos en que la pantalla que utilizaba el maestro era el encerado, haciendo uso de un trozo de tiza y los chavales teníamos nuestra pizarra y el pizarrín correspondiente -eso sí atado a una cuerda para que no se nos perdiera- para hacer las cuatro reglas, en caso de malas notas no podíamos echar la culpa a la tecnología moderna. O eras aplicado o no lo eras.

Es curioso cuando hoy en día tenemos esas posibilidades inmensas de acercarnos a un mundo infinito de ofertas de conocimiento a través de internet y demás tecnologías, sea un obstáculo y no un acicate para mejorar y ampliar nuestros conocimientos.

Supongo que lo de las «pantallas» no es sino una muestra más del uso que hacemos de las cosas que la tecnología ha puesto a nuestro alcance. ¿Es malo un cuchillo, una comida determinada, un cierto deporte, un medicamento, una escopeta? Supongo que todo dependerá del uso adecuado o no que hagamos de ello.

Las nuevas tecnologías nos permiten incrementar nuestros conocimientos y poner a nuestro alcance, de forma gratuita muchísimas veces, libros, revistas especializadas, universidades, conferencias y demás.

Internet es un enorme libro abierto a nuestro alcance. Aquellos que tienen la suerte de dominar algún idioma extranjero como el francés o el inglés, la ventana que se les abre es casi infinita. ¿Dónde está el mal de hacer uso de esas «pantallas? Nuestros antepasados hubieran querido tener esas posibilidades que nosotros tenemos ahora.

Lo que hay que hacer es un uso adecuado de las herramientas que las nuevas tecnologías ponen a nuestra disposición y no maldecir de ellas como si fuera un mal que nos ha venido de los avernos.