Antonio Gutierro Calvo en la escuela de Miajadas / ANTONIO GUTIERRO CALVO

Desde la distancia: «60 años ya en San Sebastián, y nunca olvido mi pueblo, Miajadas»

Dejas atrás la escuela, familia, amigos, recuerdos, vivencias, tus primeros 'amores', y vas a un mundo desconocido

ANTONIO GUTIERRO CALVO

Se cumplen 60 años desde que un 20 de octubre de 1962, entre besos, abrazos y lágrimas, dejé atrás Miajadas para desplazarme a San Sebastián, donde mi padre llevaba viviendo ya seis años. Allá en Miajadas se quedó libre esa beca que nos habían concedido para estudiar Magisterio a Alfonso (el «peces» que en EPD), Sebastián y a mí.

Subí a un autobús de la empresa Doaldi que tomé frente a la empresa Fernández, sita frente al parque en el que tantas veces jugué al fútbol, para que, camino de Guadalupe y Talavera de la Reina, me llevara hasta Madrid. Allí trasbordo para coger el tren que me dejó en la estación de San Sebastián. Tiempos en los que cada semana perdías a algún amigo que había tomado un camino parecido al tuyo. Recuerdo que cada vez era más difícil hacer un equipo para jugar al fútbol, tal era la mengua semanal.

Dejas atrás la escuela, familia, amigos, recuerdos, vivencias, tus primeros 'amores', y vas a un mundo desconocido. Era la primera vez que montaba en bus y, ni qué decir, también en tren. ¡Qué recuerdos! El viaje más largo que había hecho era hasta Cáceres para los exámenes de bachiller.

Tu vida, de repente, cambia completamente. De estar en la escuela pasas al mundo del trabajo, de conocer a todo el mundo pasas a no conocer a nadie, de vivir cómodamente en tu casa pasas a compartir cama con tu padre en la habitación de una vivienda en una casa de 'pupilo' compartiendo vivienda con otras personas. Como tantos otros.

Allí comenzó el mundo del trabajo, a los 14 años, de botones en un hotel. Después trabajo en un banco sin cumplir los 18, y posteriormente en la Caja de ahorros de la provincia hasta la jubilación con 63 años, hace ya 11 años.

Aquí hice otra familia, me casé con una mujer vasca y tuvimos dos hijos. Uno de ellos vive en Madrid desde hace ya veinte años. Dos nietos maravillosos. El euskera, ese idioma tan diferente al castellano, es idioma normal en mi casa. Lo habla mi mujer, los dos hijos y los dos nietos. Servidor entiende las conversaciones familiares.

Ya ven, una vida nada especial, como la de tantos otros. Eso sí, nunca olvido mi pueblo. Mi madre vivió hasta los 95 años y las conversaciones giraron muchas veces en torno a él.