Desde la distancia: «Carta a Don Enrique: De ti depende que parte importante de la historia de Miajadas quede o no en el olvido»

Esta Semana Santa tuvimos una agradable conversación sobre la conveniencia o no de que la experiencia vivida por esa generación de curas que fuisteis destinados a Miajadas allá por la década de los 60 fuera recogida en algún libro

El párroco de Miajadas, Don Enrique Gómez
El párroco de Miajadas, Don Enrique Gómez. (C.G.F.)

ANTONIO GUTIERRO CALVO

Para el párroco Don Enrique, con todo respeto:

«Perdona el atrevimiento de dirigirme a ti en carta pública, máxime cuando servidor pertenece a esa generación en la que nos enseñaban en la escuela que cuando vieras a un cura por la calle tenías que correr a besarle la mano.

Esta Semana Santa tuvimos una agradable pero corta conversación en tu despacho parroquial sobre la conveniencia o no de que la experiencia vivida por esa generación de curas que fuisteis destinados a Miajadas allá por la década de los 60 (yo ya no vivía en el pueblo) fuera recogida en algún libro para ilustración y conocimiento de tantos miajadeños que, por edad, no vivieron aquellos tiempos. Tu opinión y la mía eran discrepantes. Yo sostenía la conveniencia de que eran dignas de conocerse esas experiencias de unos curas jóvenes destinados a un pueblo que no era el suyo de origen, recién terminado el Concilio Vaticano II (1.962-1.965), con lo que ello supuso en el quehacer de la Iglesia en gran parte del mundo católico, y sustituyendo en la responsabilidad a una persona con tanta personalidad y tan larga dedicación como don Juan.

Vosotros como sacerdotes tenéis una visión privilegiada sobre el sentir y la forma de comportarse de una población determinada, tanto en el ámbito religioso, como en el social y en el económico. Creyentes hay entre los pobres y los ricos, prácticamente todos los ciudadanos de una población hablan con el cura del pueblo, en alguna ocasión ha tenido que recurrir a él y en esos momentos la gente se abre, 'se confiesa', se explaya. Habéis sido, y aún lo seguís siendo, testigos y actores de vivencias más allá de los estrictamente religioso. Es posible que nadie haya podido tener esa atalaya desde la que otear y respirar el sentir de una determinada población con sus alegrías y sus penas.

Enrique, habiendo desaparecido Agustín a 'temprana' edad, eres el único que queda de aquella hornada. Todo el mundo me dice que eres una persona culta e inteligente, no te llevará más de un año (a ratitos) plasmar en un pequeño libro esas experiencias que 'dambos' habéis vivido, sufrido y disfrutado. Como sabes perfectamente no es necesario que lo narres en primera persona, el escritor puede ocupar la posición del espectador y así poner cierta distancia sobre los acontecimientos.

De ti depende que una parte importante de la historia de Miajadas quede o no en el olvido».

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