Paco, Fausti, Antonio, Juani, Alfonso, Joaqui y Ernesto, 1969 / A. GUTIERRO

Desde la distancia: «Dicen que el primer amor nunca se olvida»

Para los que dejamos el pueblo en edad de adolescencia, comenzaba el incipiente juego amoroso

ANTONIO GUTIERRO CALVO

Las fechas del abandono del pueblo solían ser por septiembre y octubre, cuando los productos del campo estaban ya todos recogidos. Era la hora del adiós, del hasta luego, del hasta saber cuándo. Atrás quedaban olores, colores, paisajes, caras, besos, abrazos y lágrimas y, sobre todo, muchos sentimientos. Sin duda no era igual la situación de una persona de edad madura que otra en edad de adolescencia.

Es posible que por aquellos años 50-60 para muchas personas adultas aquella salida pudiera ser una especie de liberación, un desahogo, la posibilidad de tener una vida mínimamente digna para él y para su familia, para su prole. A más de uno y a más de dos les cambió, de verdad, la vida.

Los que dejamos el pueblo en edad de adolescencia, los sentimientos eran otros. Comenzaba el incipiente juego amoroso. Que si fulanita qué guapa es, que si menganita fíjate que trenzas tiene, que si fulanita me ha mirado, que si la otra me ha dicho una amiga que le gusto (¡qué miedo!). Cosas maravillosas como esas. Pura ilusión, pura felicidad, puro goce.

La vida que sale al encuentro y uno la recibe con los brazos abiertos dispuesto a abrazarla con alborozo. A muchos nos pasó eso. Atrás, es posible que quedara alguna fulanita, alguna menganita que nos hacía tilín. Aquella otra que sabíamos que no nos hacía asco, pero también ¡ay! aquella a la que ni siquiera éramos capaz de mirarla no fuera a ser que se diera cuenta que, por nuestro nerviosismo, barruntara algo. Pero sí, haberlas ahílas que dicen los gallegos refiriéndose a las meigas. De todo había.

¡Cuántas ilusiones, cuántos «amores» secretos, cuántos sentimientos sin expresar! Al final la vida pone tierra de por medio y la distancia, poco a poco, va poniendo las cosas en su sitio. En tu nuevo lugar vas conociendo a otras fulanitas, a otras menganitas que también te hacen tilín. Afloran los mismos sentimientos por otras personas, se repite la misma situación.

No obstante, hay algo que no se olvida fácilmente. Eso que dicen de que el primer «amor» nunca se olvida. Me da que en ello hay algo de cierto. Al menos creo que a mí me ha pasado. ¿O estaré soñando? Total, el soñar es barato. Aunque no sé, no sé, porque aún recuerdo sus nombres. Y de alguna incluso sus apellidos.