Antonio Gutierro Calvo (izquierda) comparte sobremesa con el escritor Raúl Guerra / AGC

Desde la distancia: «El escritor Raúl Guerra, recientemente fallecido, escribió sobre Miajadas en su novela 'Cacereño'»

«Tuve la suerte de compartir mesa con él varias veces y me contó sus andanzas por el pueblo para documentarse»

ANTONIO GUTIERRO CALVO

El pasado mes de diciembre falleció en San Sebastián el escritor Raúl Guerra Garrido, nacido en Madrid, de ascendencia de El Bierzo y residente en San Sebastián.

Premio Nadal de literatura y autor de la novela 'Cacereño', que narra las vicisitudes de un emigrante extremeño en tierras de Guipúzcoa. Sitúa la partida del emigrante en Torrecasar, nombre que da en la novela a la localidad de Miajadas, a la que describe de esta forma: «El pueblo está en la planicie, donde acaba el alcornoque y comienza el cereal de secano. Bajo el vuelo sereno de las cigüeñas que comparten con grajos y golondrinas la torre de la iglesia».

La novela retrata las peripecias de tantos otros emigrantes extremeños a tierras vascas con su proceso de inserción, sus luchas y sus amores con una mujer vasca con la que se casa. Es la historia de tantos otros, la misma de quien suscribe estas líneas, en la que el amor supera las diferencias de cultura y de idioma y forma una familia en la que el euskera es parte de la vida cotidiana.

'Cacereño'

'Cacereño' es el apelativo despectivo con el que se moteja a todo aquel que en un momento se acerca a Guipúzcoa, ya sea de Castilla, Extremadura, Andalucía o cualquier otra tierra de España. Este apelativo, con el de 'maketo' o 'manchurriano', durante un tiempo fue de uso común. Nada extraño. En todas las partes del mundo ocurre otro tanto. En Canarias llaman 'godos' a todo aquel que sea de la península. En Latinoamérica tildan de 'gallego' a todo español. En Cataluña llamaban 'murciano' a todo aquel que no sea catalán de origen. En España llamamos 'moros' a los árabes. Lo mismo que tildamos de 'guiris' a todo extranjero que nos visita. Lo dicho, es igual en todas las partes del mundo.

Incluso en Miajadas llamábamos 'marruchos' a todos aquellos trabajadores que en tiempos de la siega venían a segar de los cercanos pueblos de la sierra. Siempre ha sido así y lo será. Jonh Steimbeck en su novela 'Las uvas de la ira', posteriormente llevada al cine, tildaba con un mote despectivo a los habitantes de Texas en su emigración hacia la rica California.

Tuve la suerte de compartir mesa y mantel con Raúl Guerra varias veces. Me contó sus andanzas por Miajadas para documentarse, y le llamaban la atención las tablillas de 'Se vende' que colgaban en muchas ventanas. Lo mismo que pasa ahora, pero en carteles.