Antonio Díaz Alías, alcalde de Miajadas / HOY

Antonio Díaz: «El virus nos ha quitado algo tan importante como estar con nuestros seres queridos»

El alcalde de Miajadas reconoce que este año no les ha quedado otra que ir aprendiendo, incluso metiendo la pata algunas veces, ante algo tan desconocido

Celia García
CELIA GARCÍA

Un año de convivencia con ese virus llamado Covid-19, que por aquel mes de marzo de 2020 resultaba completamente desconocido y ahora es tan familiar. Doce meses atrás Miajadas, el país entero y gran parte del mundo estaban en pleno confinamiento.

-¿Cómo recuerda aquellas primeras semanas?

Recuerdo que aquello parecía que sería un estado de alarma de 15 días o un mes, todos desconocíamos a lo que nos estábamos enfrentando. Pensábamos que sería algo corto, hasta tal punto de que el Lunes de Pascua lo cambiamos al 7 de septiembre pensando que para entonces ya habría pasado todo y podríamos disfrutar de él, pero qué equivocados estábamos… En general ha sido un año de mucho aprendizaje, hemos ido descubriendo la cruda realidad y que nos está costando muchísimo salir de esta situación.

-¿Será algo con lo que tendremos que aprender a convivir, como la gripe?

La gripe convivimos con ella, y en la peor época ha habido ingresos hospitalarios, pero no ha provocado algo así como ha sucedido con la Covid. Las personas más susceptibles han tenido que llevar mascarillas por el polen o por otras circunstancias. Pero nadie esperaba que pudiera existir esto: ha puesto patas arriba el sistema sanitario, ha puesto patas arriba el sistema económico, ha paralizado el mundo entero, hemos estado en estado de alarma, se relajan las medidas y se vuelve a paralizar todo,… Es tan difícil de vencer que la única medida es la vacuna. Los sitios más peligrosos, como las residencias de mayores, ya están vacunados y ahora apenas está habiendo incidencias. El único inconveniente es que no se está vacunando al ritmo que todos quisiéramos, pero ojalá que en verano pueda estar vacunada el 60-70% de la población, porque la gente está ya muy saturada y muy tensa.

-Psicológicamente está machacando mucho…

Está afectando mucho, y a la gente más vulnerable mucho más. Los mayores no ven a sus hijos por precaución, o les ven a través de una pantalla. Somos una sociedad acostumbrada al contacto físico, a estar con las personas, vernos y besarnos. Somos muy familiares y está suponiendo un gran esfuerzo.

-¿Cómo ha vivido estos doce meses como alcalde?

Aprendiendo. Uno tiene experiencia a la hora de realizar presupuestos, organizar eventos culturales, deportivos,… Toda la gestión de la vida local. Pero de pronto llega esta pandemia y te das cuenta de que desconoces todo, sobre todo el sistema sanitario, incluso a ellos les ha pillado sin saber cómo actuar. Así que no nos ha quedado otra que ir aprendiendo, metiendo la pata algunas veces, porque desde el principio hemos sido colaboradores. Si había que desinfectar lo hacíamos, si había que hacer cualquier cosa lo hacíamos, incluso en un principio compramos todo el material de protección que pudimos para cederlo donde hacía falta.

«Lo peor de la pandemia es la crueldad de no poder despedir a nuestros familiares, estar a su lado»

-¿Y cómo los ha vivido como vecino?

Como todo el mundo, bastante mal. Hubo unos primeros momentos del confinamiento en que veníamos a trabajar porque había trabajadores que también iban y considerábamos que era nuestra obligación y debíamos hacer todos un esfuerzo. Fueron momentos muy difíciles, el único momento de 'libertad' era cuando salíamos a aplaudir a las 20:00 y podíamos saludar a los vecinos, porque en casa no se podía hacer ni deporte. Y los niños lo llevaban peor. Yo tengo hijos de 5 y 3 años y para ellos fue muy difícil, no entendían por qué no podían salir ni con la bicicleta, no había colegio,… Al principio ellos hacían los deberes, pero cuando llegó el mes de junio ya estaban cansados.

Cuando se flexibilizó todo pudimos volver a salir poco a poco, pero el verano pasó sin piscina, sin vacaciones, todo diferente, pero sobre todo con el miedo en el cuerpo. A lo que hay que añadir no poder visitar a tus padres y a tus seres queridos por miedo a poderles contagiar. En muchos casos seguimos actuando así, sin poder acercarnos a nuestros seres queridos.

Pensábamos que el 'primer mundo' lo tenía todo y todo se solucionaba rápidamente. Y resultó que un 'bichito' trajo de cabeza a todo el mundo.

-¿Qué es lo peor que ha traído consigo este virus?

Decían algunos que esto nos iba a hacer cambiar, pero al final el tiempo ha demostrado que no somos ni mejores ni peores, todos seguimos igual. Lo peor ha sido el no poder despedir a los familiares, no poder estar con él en el hospital por las medidas Covid, el no poder despedirle y darle el último abrazo porque la caja está precintada, en las ceremonias tampoco hemos podido despedir ni acompañar,…

Por otra parte, nos ha quitado el poder hacer cosas en común, compartir con los amigos, los familiares,… esa falta de socialización.

«Con todo esto puede que por fin se haya dado valor al mundo rural»

-¿Considera que puede haber tenido alguna parte positiva?

No sé… Puede que al final se haya dado valor al mundo rural, que también existe. Hemos pasado mejor el estado de alarma porque no está tan masificado como las ciudades. También se ha demostrado que puede existir el teletrabajo si se tienen las herramientas, como por ejemplo la fibra óptica. Vamos a ver si somos capaces de aprovechar esta inercia, añadiendo además las ayudas que llegarán desde Europa para los distintos países, y que Extremadura pueda participar en esta nueva revolución digital sin quedarnos atrás.

-¿Qué mensaje envía a los vecinos de Miajadas, Alonso de Ojeda y Casar de Miajadas?

Decirles que el virus aún no se ha ido, por desgracia aún no ha finalizado la pandemia. Cuando hace unos quince días llegamos a tener sólo tres casos activos parecía que esto se alejaba, pero nada más lejos de la realidad. Hasta que no estemos todos vacunados tendremos que seguir conviviendo con esta enfermedad, con momentos de subida y bajada. Pero debemos procurar que la cuarta ola sea más leve que la anterior, y tomarnos con cautela la flexibilización de medidas. Podemos coger una libreta e ir apuntando las celebraciones pendientes para, cuando se pueda, disfrutarlas todas con muchas más ganas.