Jesús Claudio Rey posa en su despacho con su libro 'El habla de Miajadas' / CEDIDA

Jesús Claudio Rey: «Hay una tendencia a pensar que la forma de hablar de antes es basta»

El autor defiende que preservar estas palabras no es obligar a hablarlas, pero son historia, y no darles la importancia que tienen sería un grave error

Celia García
CELIA GARCÍA

Jesús Claudio Rey, conocido en Miajadas como 'Yayo', Doctor en Filología Hispánica y actualmente profesor en Santa Amalia, ha publicado recientemente el libro 'El habla de Miajadas', en el que ha contado con la colaboración de su sobrino, Claudio Corral. Miajadeño de pura cepa, los orígenes maternos de 'Yayo' se remontan hasta un poco antes de la guerra.

1. ¿Cómo surgió la idea del habla de Miajadas?

-Es parte de mi profesión. Yo hice la tesis sobre el habla de Martín de Trebejo, y tenía una espinita clavada con el habla de mi pueblo, quería dedicar mis conocimientos al habla de Miajadas. Me he criado en sus calles y mi forma de hablar, como no podía ser de otra manera, es de aquí. Es un vocabulario precedido por un estudio lingüístico, que a su vez va introducido por un estudio del extremeño, del castúo, poner las cosas en contexto. Una cosa es el extremeño y otra cosa la idea que se tiene del castúo, el hacer ver a las personas que hay una uniformidad lingüística, cuando no ha existido nunca.

Es cierto que hay una serie de palabras comunes, pero después hay que hacer una 'partición' de áreas en nuestra tierra, de distintas influencias, los movimientos de población han sido muchos y las hablas se van modificando. Hablas, no lenguas, porque el extremeño no tiene testimonios escritos para ser considerado como tal. Nosotros, por ejemplo, tenemos una terminación característica: -ino, como librino, cachino,…

2. ¿Qué elementos diferencian el habla de Miajadas de otras zonas o localidades?

-Hay rasgos comunes como el introducir una 'i' en las sílabas finales: escombrio en lugar de escombro, hurnia en vez de hurna, tardión en lugar de tardón,… Además conservamos algunos diptongos como el 'ie', no lo hemos asimilado: depriesa frente a deprisa, o griesca frente a gresca, siesgo en vez de sesgo. Algunos rasgos son vulgares, como las diptongaciones analógicas al decir dientista, diferiencia, juegaba,… Otro rasgo miajadeño es la reducción de hiatos, el decir por ejemplo onde en lugar de donde o adonde. Otros fenómenos son asimilaciones o disimilaciones, es decir, unas vocales o consonantes atraen a otras, la 'a' inicial nos la comemos al decir la cera, la zotea,… aunque también tendemos a añadir la 'a' en palabras como afoto o amoto. Eso sí, en Miajadas destacamos por una pronunciación casi perfecta de la 'll', frente a otros pueblos que son yeístas.

3. ¿Hay alguna palabra que recuerde especialmente de su infancia?

-Muchísimas, recuerdo desde palabras de uso cotidiano hasta palabras para reñirme. Una que me gusta muchísimo es 'calahanso' o 'calajanso', es un sombrajo que se hacía en el campo con cuatro palos clavados y cuatro arriba, y se cubría por todos lados excepto la parte que daba al este, y era el refugio del agricultor cuando pasaba el día entero en el campo. Esto ya desapareció, aunque yo lo he visto en algunas casas de campo.

Otra que nos decían mucho los mayores en la calle era 'pinlorongo', una especie de adivinanza que rezaba: «Estudiante, estudiante, tú que estudias en el libro pinlorongo, ¿cómo caga el burro cuadrao teniendo el culo reondo? Pues allí arribita arribita onde la tripa remata hay un carpintero mu fino que los cagajones cuadra». Recuerdo que cuando nos reñían nos decían «¡Vaya estalache que tienes!», refiriéndose a las pintas que llevabas.

4. ¿Estas palabras se mantienen a día de hoy, o son las personas mayores las únicas que las siguen utilizando?

-Principalmente es la gente mayor. Una de las principales causas es que se van perdiendo algunas profesiones o utensilios, y con ellos las expresiones asociadas a ellos. Sin embargo, también hay una tendencia a pensar que esa forma de hablar es muy basta y tratar de esconder esa habla y pronunciar de otra forma.

5. También recoge apodos, 'motes', en su libro.

-Sí, hay unas veinte páginas dedicadas a los motes, esos apodos que pertenecen a nuestra onomástica. Los motes nos personifican, son algo identificativo y al mismo tiempo saca la gracia del pueblo. 'Afeitagatos', 'Capagrillos', 'Calviche', 'Canete', 'Pescuezocorto', 'Culibajo', 'Culoaguja',… tenemos un buen repertorio (risas). Por ejemplo el mío 'Yayo' es una evolución de mi nombre Claudio porque mi hermana pequeña me llamaba así.

6. El objetivo de su libro es mantener este tesoro lingüístico.

-Por supuesto. Es que si no se recoge, se pierde. Muchas personas me han dicho al leer el libro que así es como ellos han hablado siempre, y que incluso hablan así a sus hijos, pero que ellos no han heredado este habla y se ríen cuando escuchan algunas de estas palabras. Hay una lucha por demostrar que esta forma de hablar no significa hablar mal. Forma parte de nuestra historia y no darle la importancia que tiene sería un grave error. Preservarlas no es obligar a nadie a hablarlas, no vamos a poner a un policía para obligar a las personas a hablar así, simplemente ponerlas en valor, el valor que merecen.

La lengua, o en este caso las hablas, son como un jersey o una bufanda que por un lado se teje y por otro se desteje, es decir, se incorporan palabras nuevas, porque no podemos renunciar al progreso, pero vamos perdiendo por el otro lado palabras antiguas. No sabemos cuántas generaciones seguirán manteniéndolas, por ello debemos hacer la labor de preservarlas, una foto fija del habla que todos hemos usado.

Ejemplares en la biblioteca

Para contribuir al mantenimiento de este tesoro local, que está disponible en las librerías de Miajadas, el Ayuntamiento ha adquirido cincuenta ejemplares para incorporarlo a los fondos bibliográficos de las Bibliotecas de Miajadas, Alonso de Ojeda y Casar de Miajadas, así como a las distintas bibliotecas de los centros educativos del municipio. También harán entrega de él a las bibliotecas de las principales ciudades y municipios de Extremadura para que los vecinos puedan disfrutar un poco de 'la esencia miajadeña' y conozcan a sus escritores.