Don Agustín Cornejo oficia una misa en la residencia de mayores San Martín de Porres / smp

Homenaje a don Agustín, el párroco de Miajadas que fue multado por defender a su pueblo

Llegó a Miajadas en el 68, justo tras su Ordenación Sacerdotal, y fue homenajeado en su 50 aniversario en la localidad por su trabajo y dedicación

Celia García
CELIA GARCÍA

El pasado domingo, 1 de mayo, Miajadas quedaba conmocionada al sufrir la pérdida de su párroco Agustín Cornejo, más conocido como don Agustín, que fallecía a los 79 años de edad a causa de problemas de salud que arrastraba desde hacía años.

El párroco sufría desde hacía tiempo la enfermedad de Parkinson, a causa de la que había sufrido varias caídas. La última de ellas, muy fuerte, le afectó bastante, provocando que los problemas de salud se le acentuasen de forma irreversible.

Sin embargo, Miajadas siempre le recodará por su sonrisa permanente, por su forma de ayudar siempre desinteresada, por su faceta de mediador, y por su trabajo incansable por el pueblo en el que ha estado desde sus 25 años, su casa desde su inclusión en el sacerdocio en 1968.

Hay un hecho que marcó y siempre marcará su trayectoria, tanto personal como profesional. Cuando en los 70 fue multado con cinco duros, junto con su compañero de batallas don Enrique Gómez, por encerrarse en el colegio de Covadonga en protesta por su cierre, en defensa de la educación de su pueblo, en defensa de su pueblo.

Precisamente hechos como ese fueron los que llevaron a Miajadas a rendirles homenaje en junio de 2018, coincidiendo con el 50 aniversario de su llegada a la localidad y de su Ordenación Sacerdotal, con el fin de reconocerles su trabajo y dedicación. Para don Agustín aquel homenaje significaba haber llegado a todos los miajadeños, fueran o no creyentes: «El juicio de valor nuestro lo dejamos a la historia, pero sí que es cierto que siempre hemos estado a disposición del pueblo, siempre hemos pensado en cómo promover al niño, al joven, al mayor,… cómo servir mejor», reconocía entonces.

Así le define su pueblo

Don Enrique Gómez (izq) y don Agustín Cornejo (dcha) fueron homenajeados por el 50 aniversario de su comienzo en Miajadas / HOY

El párroco comentaba que habían pasado 50 años, pero que no se les habían hecho pesados, puesto que habían tenido oportunidad de irse y no quisieron hacerlo. Ambos trabajaron porque la Diócesis hiciera 'equipos de curas', puesto que consideraban que era la mejor forma de transmitir al pueblo que tienen que ser comunidad, y qué mejor que dar ejemplo. Así, junto con don Enrique, consiguieron unir las dos iglesias de la localidad, la de Belén y la de Santiago.

Como mencionaba don Agustín, también servían al mayor. Y es que él era párroco también en la residencia de mayores San Martín de Porres, donde oficiaba las ceremonias y era sumamente querido por los residentes y las Hermanas Carmelitas.

En los últimos 11 años se unió a la iglesia miajadeña don Pedro Sánchez, de quien sólo tenían buenas palabras y quien sólo tiene buenas palabras para ellos. Precisamente el diario HOY se ha puesto en contacto con este último, y ha transmitido que «quién mejor que el pueblo para definir a don Agustín».

Las palabras del pueblo no hacen sino confirmar lo que de él se conoce y la gran conmoción que ha provocado su pérdida: «Gran ejemplo a seguir, por su buen hacer, su bondad, amor al prójimo y humanidad», «Se nos ha ido un gran amigo», «Una experiencia vital y sacerdotal digna de quedar plasmada en un libro», «Bonita huella la que ha dejado en la Tierra», «Una persona íntegra en todos los aspectos», «Así ha sido su vida: luminosa», «Gran suerte el haberle conocido», «No se me va de la mente cuando llegaron al pueblo y, a partir de ahí, todo cambió», «El mejor sacerdote que ha tenido Miajadas»,…

Su amado pueblo

Y al pueblo le gustará saber lo orgulloso que estaba don Agustín de ellos, como explicó el día en que recibió el homenaje. Un pueblo en el que vieron un avance de toma de conciencia tanto en el Ayuntamiento como en la sociedad, al margen de la política. Lograron que mucha gente uniera fe y vida, produciéndose una promoción de ser 'cristiano pasivo' a ser 'cristiano activo'.

«Estoy muy orgulloso de Miajadas. Como dice el Evangelio: Sin saber cómo, crece la semilla», así definía don Agustín a su amado pueblo.