Miajadas
Siempre pensé que dos de los peores males a los que se enfrentan las democracias liberales son el populismo y la demagogia porque, con su simplismo, al final, llevan a la ruina a los países. Algo de eso me parece que, salvando las distancias, está pasando en Miajadas con lo de la «información» que se está ofreciendo a la ciudadanía con lo de la planta de tratamiento de residuos.
Ver y leer en pancartas eslóganes como «Salvemos Miajadas», te lleva al recuerdo de lo del alcalde de Móstoles ¡españoles…. España está en peligro, acudamos a salvarla! No creo que la cosa sea para tanto, ni muchísimo menos. De todo lo que he visto no encuentro que un solo técnico competente en la materia haya dicho ni una palabra. Todas las personas que he visto u oído, opinar no argumentar, son activistas o pertenecientes a una determinada tendencia política.
Todos los partidos del consistorio se oponen a la planta según pude comprobar visionando el pleno del ayuntamiento. Es comprensible, nadie quiere este tipo de actividades cerca de su casa o de su pueblo «sí, pero no en mi jardín» se dice en Europa. Ahora me llama la atención del consistorio con su alcalde al frente. Es él el que tenía que haber convocado alguna reunión informativa y divulgativa con técnicos competentes para que estos expusieran las ventajas e inconvenientes que este tipo de actividad pueda generar. Así, con el aval del ayuntamiento, la ciudadanía sabría a qué atenerse. Aunque es cierto que como decía algún politólogo «Al pueblo hay que escucharle, hacerle caso es otra cosa»
En Miajadas he hablado con algún ingeniero químico y de vuelta a San Sebastián con varios ingenieros industriales, por aquí hay muchos. Todos me dicen lo mismo, la técnica de este tipo de plantas es muy conocida, dominada y segura, el problema está en el seguimiento de las actividades, si se hacen de acuerdo con la reglamentación en vigor.
Dicho esto, es humano y comprensible que a nadie le guste que estas actividades y otras tantas se coloquen cerca de donde uno vive. Pero ¿qué hacemos con tantos residuos que las sociedades burguesas y opulentas occidentales producimos? ¿Los echamos al arroyo y nos tapamos los ojos? ¿Cerramos las diferentes granjas en donde están los animales estabulados? ¿Prohibimos ciertas industrias? ¿Qué hacemos con los ciemos que producen las plantas de tratamientos de aguas fecales e industriales? Y un largo etcétera.
De lo que se trata es de eso «No en mi jardín»
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