Miajadas
Hablar en estas fechas del mes de julio con algún familiar o con alguna amistad de Miajadas es recurrir, sempiternamente, a la temperatura. Es lo que en las ciudades llamamos la «conversación de ascensor» porque no compromete a nadie.
La frase más repetida es «nunca ha hecho tanto calor como ahora», antes de haber emitido un bufido y a veces una palabrota. Lo que me sorprende no es que lo diga la gente joven, sino que, lo exprese la gente de mi edad. Es decir, la gente que hace muchos años que hemos hecho la mili y que, felizmente, somos abuelos.
En aquellos tiempos muchos nos hemos criado sin agua en casa, sin electricidad y, por lo tanto, sin esos aparatos que hoy nos dan la felicidad para combatir las altas temperaturas. No había frigorífico, ni ducha, ni aire acondicionado, ni por supuesto televisor para entretenerse. Por agua fresca entendíamos un barril puesto a la sombra. Aquellos afortunados, labradores con cierta posición, que tenían un pozo eran unos privilegiados.
Uno dormía muchas noches al raso y la siesta la echabas en el santo suelo encima de una manta trapera, después de haber dado buena cuenta del gallo de una sandía. Y qué decir de aquellos «segaores» (marruchos les motejábamos cuando eran de fuera), que iban a segar al ritmo que marcaba el capataz, cubiertos con una protección de cuero en el brazo y otra en el pecho. Por todo aparato para defenderse del sol, impenitente, había unas aguaderas y una albarda puesta encima que daba un poco de sombra. Algún chaval los seguía espigando con un buen sombrero de paja para protegerse del astro rey.
Hoy, la gente que trabaja en el campo en nuestro pueblo, tenemos de todo en casa, agua, electricidad, aire acondicionado en los tractores con nevera para guardar fresquita la cerveza y aún nos quejamos y seguimos repitiendo lo de nunca ha hecho tanta «caló» como ahora.
Uno, que es curioso por naturaleza, indaga a ver si eso es cierto, si nunca ha hecho tanto calor como ahora, y resulta que sí, que una cosa es la temperatura que hace en un lugar determinado hace veinte-treinta años y otra la que hizo hace mucho más tiempo. El clima es una cosa caótica.
¿Por qué nos quejamos? Pues porque efectivamente hace mucho calor, pero porque nos hemos vuelto muy «señoritos». Aquí mismo por el norte los 30 grados con 80% de humedad, son menos llevaderos que cuarenta por ahí con 20 % de humedad.
¡Quejicas que sois unos quejicas!
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