Una oportunidad para recoger en un libro las vivencias de los párrocos Enrique y Agustín

Enrique Gómez (izq.) y Agustín Cornejo (der.). /HOY
Enrique Gómez (izq.) y Agustín Cornejo (der.). / HOY

«Estos hombres, han sido partícipes y espectadores privilegiados del devenir de nuestro pueblo durante más de cincuenta años»

ANTONIO GUTIERRO CALVO

Insisto, vuelvo a insistir y persistiré en el empeño; ya lo he hecho alguna vez en estas páginas. Son de esas cosas que menos me gustan de mi pueblo, ese desdén, desidia, indiferencia, o simplemente olvido por parte de a quien corresponde por esos valores, llamemos intangibles, de la forma de ser de un pueblo. La cultura, palabra polisémica donde las haya, no es sólo las bellas artes, escultura, música, pintura, literatura, etc., también lo es esa forma normal de comportarse un pueblo sin que haya reglas obligatorias que cumplir.

¿Qué a qué me estoy refiriendo con esta larga perorata? Pues a un asunto que he comentado varias veces a diferentes personas de Miajadas, de variada condición y responsabilidades, que no es otro que la conveniencia de recoger en algún libro, la vida, las experiencias, las vivencias de los curas del pueblo Enrique (al que por cierto no he saludado nunca) y Agustín.

Estos curas debieron de aparecer por el pueblo poco después de la finalización del Concilio Vaticano II (1963 – 1965), cuando yo ya me había ido (1962) y según todas las personas con las que he hablado fueron un revulsivo para el pueblo, en todos los sentidos. Impulsados por el concilio o de 'motu proprio', salieron de sus iglesias y de sus casas parroquiales y se implicaron a fondo en la vida no sólo eclesiástica sino, también, social y económica. No soy yo quien para valorar su desempeño porque no he vivido allí durante todos estos años pero, sin duda, su labor ha debido de ser encomiable puesto que el propio pleno del ayuntamiento les homenajeó en su día al cumplir 50 años de su estancia en Miajadas.

Pues bien, estos hombres han sido partícipes y espectadores privilegiados del devenir de nuestro pueblo durante más de cincuenta años. ¿Habrá otras personas más cualificadas e informadas que ellos para explicarnos las claves de lo que ha acontecido en nuestro querido pueblo durante todos estos años? ¿Estamos dispuestos a tirar por la borda esa larga experiencia y ocultarla a las generaciones más jóvenes? ¿No tenemos una Sociedad Histórica de Miajadas? ¿No tenemos un consistorio con su concejalía de cultura correspondiente?

¿No será que somos muy pedigüeños y muy habilidosos en echar la culpa a los demás? Esto no es una cuestión de dinero, es una cuestión de voluntad y de gestión. ¡Qué no se diga hombre, qué no se diga!