La tristeza de pasear por nuestro pueblo en la actualidad

Vecinas en la calle Pozo Vela en el año 1979. /HOY
Vecinas en la calle Pozo Vela en el año 1979. / HOY

«Parece todo un atrezo del rodaje de una película de esas del oeste en el que todo es fachada y nada más que fachada»

ANTONIO GUTIERRO CALVO

Lo que le ha pasado a Miajadas se asemeja bastante, en su medida, a lo que les ha ocurrido a tantos pueblos industriales de Guipúzcoa. Esos pueblos guipuzcoanos expulsaron de su interior a las industrias para ubicarlas en polígonos industriales del extrarradio. En nuestro pueblo ocurrió otro tanto, la actividad económica relacionada con la agricultura y la ganadería desapareció de sus calles.

Las casas ya no son esas 'casas de agricultores' que acogen bajo su techo a personas, animales, productos y la más diversas maquinaria o enseres agrícolas. Todo ha desaparecido. Mulas, cerdos, gallinas, paja, grano, carros y tractores ya no se cobijan en la cercanía de sus dueños. En contrapartida las casas y las calles están más limpias, más saludables. Sí, todo eso es cierto pero también lo es que son más aburridas, más asépticas. La contrapartida es que el pueblo ha perdido parte de su idiosincrasia. Son calles sin vida, son aburridas, muy aburridas.

Los niños se han apartado de ellas, ya no es el sitio en donde se juega, en donde se vive. Es completamente imposible ver un carruaje, una yunta de mulas, un burro con serón y/o aguaderas.

Ya no se ve a ese hombre que subido en su 'burrino' con sus 'aguaeras' y un 'sacho' a cuesta volvía de las 'jesillas' con algo cosechado en su propia huerta al lado del pozo o de algún regato.

Sí, las calles están más limpias, mucho más limpias, ya no corre el agua por ella, ya no hay cagajones para recoger, ni residuos de paja, tampoco barro para hacer represas y mucho menos tierra para hacer un 'gua' o para jugar al pingoné o al 'repeón'.

Pena

Son los tiempos modernos pero cada vez que trato de ponerme en la situación de un niño de hoy me da cierta pena; la tablet lo ha sustituido todo.

No hay cosa que me parezca más triste que pasear por las calles del pueblo, sobre todo si es anochecido, por esas calles desiertas, sin un alma, con la única presencia de esos monstruos modernos llamados coches. Parece todo un atrezo del rodaje de una película de esas del oeste en el que todo es fachada y nada más que fachada, como si no hubiera vida detrás de ella.

 

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